

La educación vive una transformación profunda y una de las cosas que más se reflexiona es la evaluación. ¿Qué sentido tiene seguir evaluando como hasta ahora si los contenidos y el sistema está cambiando?
Evaluar contenidos de manera “tradicional” no encaja con las exigencias actuales. De acuerdo con múltiples referentes educativos, ser competente significa ser capaz de resolver problemas de forma eficaz. Con lo cual si queremos evaluar competencias, deberemos ser capaces de generar contextos donde el alumnado pueda actuar, movilizar y usar los conocimientos para resolver con éxito situaciones reales o lo más cercanas a la realidad. Evaluar contenidos de manera descontextualizada no tiene mucho sentido en el contexto competencial actual.
Ante un currículo que exige el desarrollo de las competencias básicas del alumnado, y observando la relevancia que adquiere el rol de la evaluación para conseguirlo, debe parece fundamental enseñar al alumnado a ser consciente de su aprendizaje. Que el alumnado aprenda a aprender, a autorregularse, a identificar qué sabe hacer, qué debe mejorar y cómo puede hacerlo es uno de mis objetivos en la evaluación. Para ello es necesario cambiar el enfoque de la evaluación. Un enfoque que apueste por la evaluación formativa como herramienta para que el alumnado aprenda a aprender. El uso de estrategias que potencien la metacognición y la meta reflexión del alumnado sobre su propio aprendizaje que le ayuden a autorregularse es fundamental.
Para evaluar es recomendable combinar diferentes instrumentos (dianas, rúbricas, check lis, app) y aplicar estrategias que faciliten los procesos de los alumnos como la coevaluación y la autoevaluación, no solo al final sino durante todo el proceso de aprendizaje. Escuchar y darles voz, evaluar siempre y calificar cuando sea necesario, dar tiempo y espacio para que el aprendizaje suceda, huir de la prisa, son algunas de los ideales para poder dotar al alumnado de las herramientas necesarias para favorecer su autonomía y hacerle capaz de autorregular su aprendizaje. Sin duda para aprender, para mejorar, para conseguir la mejor versión de cada uno. Para ser capaz de autorregularse, de identificar qué no sé hacer, qué hago bien, y cómo puedo mejorar. Una evaluación que permita aflorar y descubrir el talento de cada persona. Cada vez tengo más claro que no debería haber separación entre evaluar y aprender, son caras de la misma moneda.